Galaxias formadas en línea recta y sin materia oscura
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Un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO) ha concluido que las propuestas actuales para lanzar más de 1,7 millones de satélites en órbita, incluidos los extremadamente brillantes, tendrían "consecuencias devastadoras para la astronomía". Según el estudio, para salvaguardar nuestra capacidad de observar el cielo nocturno con telescopios modernos, no deberían orbitar la Tierra más de 100 000 satélites tenues, es decir, por debajo de lo que puede detectar el ojo humano a simple vista. El estudio es el primero en calcular hasta qué punto las grandes y brillantes constelaciones de satélites —que también han suscitado preocupación sobre sus impactos en la salud y el medio ambiente— afectarían a las observaciones astronómicas al restarle oscuridad al cielo nocturno.
Desde 2019, el número de satélites en órbita terrestre ha aumentado rápidamente, hasta superar actualmente los 14 000 [1] (entre los que predominan los satélites de telecomunicaciones Starlink, de SpaceX). Las propuestas de satélites también han aumentado, tanto en número como en posible impacto. "Hasta ahora lo hemos conseguido, pero está empeorando", subraya Olivier Hainaut, quien ha participado en el desarrollo de recomendaciones para mitigar el impacto de las constelaciones de satélites en la astronomía. Aunque empresas como SpaceX han tomado medidas para hacer que sus satélites sean menos brillantes, las propuestas actuales de satélites están yendo "más allá del límite" de lo que la astronomía puede soportar, afirma. Hainaut, astrónomo en ESO desde hace más de 30 años, es autor del estudio revisado por pares sobre los impactos de las constelaciones de satélites, publicado hoy y aceptado para su publicación en Astronomy & Astrophysics.
SpaceX planea enviar un millón más de satélites a órbita para centros de datos espaciales, lo que alteraría significativamente la apariencia del cielo. El nuevo estudio muestra que, durante una gran parte de cada noche, cientos de satélites serían visibles y, en ciertos momentos, hasta varios miles, similar al número de estrellas que podrían observarse a simple vista bajo buenas condiciones. Otras constelaciones de satélites previstas, como el Cinnamon, de E-Space, y el CTC-1 y 2, de China, añadirían cientos de miles de satélites más en órbita, agravando el problema.
La empresa Reflect Orbital, una start-up estadounidense, pretende lanzar una constelación de satélites muy grandes en forma de espejo para proporcionar luz solar por la noche, con haces reflejados que se extienden al menos cinco kilómetros sobre la superficie terrestre. Tienen la intención de comenzar este año con un satélite prototipo en órbita, aumentando su población de satélites a 50 000 para 2035. Estos satélites serían los más brillantes jamás puestos en órbita, con consecuencias dañinas para los cielos oscuros en la Tierra. Los cálculos de Hainaut muestran que toda la constelación llenaría el cielo nocturno con cientos de satélites muy visibles. Visto desde dentro de un haz reflejado, el satélite que emite la luz solar parecería cuatro veces más brillante que la Luna llena. Incluso si ningún satélite apuntara su haz directamente a un observador, cada uno sería tan brillante como el planeta Venus, la 'estrella del alba'. Desde una ciudad contaminada por la luz, como Múnich (Alemania), estos cientos de satélites serían las únicas 'estrellas' visibles en el cielo nocturno.
Estas propuestas, combinadas con otras consideradas en el estudio, iluminarían drásticamente el cielo nocturno, dificultando la capacidad de la humanidad para observar objetivos cósmicos tenues, incluyendo galaxias lejanas, algunos planetas similares a la Tierra alrededor de otras estrellas e incluso asteroides potencialmente peligrosos para la Tierra.
Hainaut explica que "los satélites, iluminados por el Sol, son mucho más brillantes que galaxias lejanas. Cuando un satélite cruza lo que observamos, deja una estela brillante en nuestra imagen, arruinando la observación de lo que sea que esté detrás."
Para calcular el impacto de este y otros efectos de las constelaciones de satélites en las observaciones astronómicas, Hainaut simuló las posiciones, el movimiento y el brillo de todas las constelaciones de satélites presentes y planificadas para el futuro.
Hainaut estudió la megaconstelación de satélites de SpaceX, revelando que, en observaciones nocturnas de dos horas obtenidas con el VLT (Very Large Telescope) de ESO (en el Observatorio Paranal, en Chile), aparecían decenas de estelas en cada imagen, representando pérdidas de campo de visión de hasta un 28% [2]. Esto supone que los satélites serían lo suficientemente tenues como para no verlos a ojo bajo buenas condiciones. Si fueran un poco más brillantes, algunos instrumentos se verían aún más afectados: por ejemplo, para una cámara como la del Observatorio Vera C. Rubin, de la Fundación Nacional de Ciencias de EE. UU., esto haría inutilizables la mayoría de sus imágenes durante varias horas cada noche [3].
Las simulaciones de Hainaut asumían que ningún satélite de la empresa Reflect Orbital apuntaría su haz directamente hacia o cerca de un observatorio. Aun así, el rastro de un solo satélite espejo podría estropear una observación con una cámara como la del Observatorio Rubin. Con toda la flota de satélites Reflect Orbital en órbita, todas las imágenes de una cámara así se perderían cuando los satélites fueran iluminados por el Sol.
Sin embargo, no son solo los cruces de caminos de los satélites lo que limita lo que podemos observar: su luz puede contaminar todo el cielo. Los satélites demasiado tenues para ser vistos a ojo, producen directamente un velo de luz 'difusa', mientras que la luz de satélites más brillantes se 'dispersa' en todas direcciones al atravesar la atmósfera. Ambos efectos aumentan el brillo general del cielo nocturno. Este estudio es el primero en considerar los impactos en la astronomía debido a la contribución de las constelaciones de satélites al brillo de fondo del cielo, revelando la magnitud total de la contaminación lumínica satelital.
Las constelaciones muy brillantes, como la de Reflect Orbital, tendrían un efecto particularmente significativo en el brillo del cielo de fondo. Con los 50 000 satélites Reflect Orbital al completo, el cielo sería hasta tres o cuatro veces más brillante en general.
Hainaut concluye que los 1,7 millones de nuevos satélites propuestos tendrían consecuencias drásticas para la astronomía terrestre. Estos impactos solo pueden evitarse limitando el total, tanto de los satélites existentes como futuros, a 100 000 satélites lo suficientemente tenues como para no verse a simple vista desde un lugar oscuro. "No es un número fijo, no podemos decir que 99 999 sea bueno y 100 001 sea malo: claramente preferiría 50 000", declara Hainaut. "Pero 100.000 causa pérdidas a un nivel similar a otras pérdidas técnicas, como fallos de equipamiento." Sin embargo, añade, los satélites deben ser más tenues que la magnitud visual 7 [4]; si algunos de ellos son demasiado brillantes — por encima del umbral mínimo para la visibilidad a simple vista — el número total tendría que ser mucho menor.
SpaceX y Reflect Orbital, responsables de las propuestas más extremas, han solicitado permiso para lanzar sus satélites ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de EE. UU. Este nuevo estudio ha servido de base para que ESO, en colaboración con la Royal Astronomical Society del Reino Unido y la Unión Astronómica Internacional, respondan a la FCC sobre estas propuestas.
"La FCC recibió más de 1800 comentarios sobre Reflect Orbital y casi 1500 comentarios sobre la solicitud por parte de SpaceX", explica Betty Kioko, responsable de coordinar la respuesta de ESO a las propuestas. "La pelota está ahora en el tejado de la FCC y estamos a la espera de ver las decisiones que toman en ambos casos. Para la astronomía óptica esto es una amenaza existencial, y esperamos que los reguladores compartan esa visión."
"La astronomía genera un enorme valor para la humanidad, incluyendo aspectos científicos, técnicos, económicos y educativos, y nos ayuda a entender nuestro lugar en el Universo", afirma el Director General de ESO, Xavier Barcons. "El gran número de satélites planeados en órbita baja terrestre desafía esa capacidad, subrayando la necesidad de limitar futuros lanzamientos de satélites y que la comunidad astronómica, la ingeniera y las personas responsables de operar los satélites, además de otros actores, trabajen juntos para adoptar medidas estrictas de mitigación".
"Enviar miles de satélites tiene implicaciones: económicas, ecológicas y astronómicas", añade Hainaut. La contaminación lumínica de constelaciones de satélites muy brillantes puede afectar la salud y el funcionamiento de la vida en la Tierra, al alterar los relojes biológicos y los ecosistemas. Las grandes constelaciones también tienen impactos directos en la calidad del aire debido a los numerosos lanzamientos necesarios para enviar y mantener miles de satélites, así como a la contaminación atmosférica causada al quemarse en la reentrada, al final de su vida útil. "Mi trabajo es la astronomía, así que cuantifico los efectos en la astronomía", explica Hainaut, "espero que otros evalúen los otros impactos en sus respectivos campos de especialización".
Hainaut concluye: "La órbita baja de la Tierra es una orilla celeste que aporta un valor inmenso a la vida moderna, desde la conectividad global hasta nuestro acceso claro al universo. Sin embargo, debemos gestionar la huella de mega-constelaciones —desde la contaminación lumínica, que afecta a la astronomía, hasta los efectos atmosféricos de la reentrada satelital— para asegurar que este recurso permanezca prístino y accesible para las futuras generaciones".
Esta investigación se ha presentado en un artículo de Olivier Hainaut (Observatorio Europeo Austral, Alemania), publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.
El Observatorio Europeo Austral (ESO) pone a disposición de la comunidad científica mundial los medios necesarios para desvelar los secretos del Universo en beneficio de todos. Diseñamos, construimos y operamos observatorios de vanguardia basados en tierra -utilizados por la comunidad astronómica para abordar preguntas emocionantes y difundir la fascinación por la astronomía- y promovemos la colaboración internacional en astronomía. Establecida como organización intergubernamental en 1962, hoy ESO cuenta con el apoyo de 16 Estados Miembros (Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza), junto con Chile, país anfitrión, y con Australia como socio estratégico. La sede de ESO y su planetario y centro de visitantes, el ESO Supernova, se encuentran cerca de Múnich (Alemania), mientras que el desierto chileno de Atacama, un lugar maravilloso con condiciones únicas para observar el cielo, alberga nuestros telescopios. ESO opera tres sitios de observación: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope junto con su interferómetro VLTI (Very Large Telescope Interferometer), y telescopios de rastreo como VISTA. También en Paranal, ESO albergará y operará el Cherenkov Telescope Array South, el observatorio de rayos gamma más grande y sensible del mundo. En Chajnantor, junto con socios internacionales, ESO opera ALMA, una instalación que observa los cielos en el rango milimétrico y submilimétrico. En Cerro Armazones, cerca de Paranal, estamos construyendo "el ojo más grande del mundo para mirar el cielo": el Telescopio Extremadamente Grande de ESO (ELT, Extremely Large Telescope). Desde nuestras oficinas en Santiago (Chile), apoyamos el desarrollo de nuestras operaciones en el país y nos comprometemos con los socios chilenos y con la sociedad chilena.
Las traducciones de las notas de prensa de ESO las llevan a cabo miembros de la Red de Divulgación de la Ciencia de ESO (ESON por sus siglas en inglés), que incluye a expertos en divulgación y comunicadores científicos de todos los países miembros de ESO y de otras naciones.
El nodo español de la red ESON está representado por J. Miguel Mas Hesse y Natalia Ruiz Zelmanovitch.
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Más información: https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/hallan-dos-planetas-gaseosos-mas-ligeros-que-el-algodon-de-azucar-3567371
https://muyinteresante.okdiario.com/ciencia/planetas-gigantes-algodon-azucar.html
https://noticiasdelaciencia.com/art/57308/descubren-dos-planetas-con-una-densidad-insolita
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Más información: https://www.dw.com/es/cient%C3%ADficos-abren-un-meteorito-proveniente-de-marte-y-se-encuentran-con-una-sorpresa/a-77628799
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Más información: https://noticiasdelaciencia.com/art/57201/aprueban-la-mision-arrakihs-para-estudiar-la-historia-de-las-galaxias
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2 de Junio de 2026

Un equipo de astrónomos y astrónomas ha encontrado la evidencia más sólida hasta la fecha de que algunos planetas fuera de nuestro Sistema Solar pueden ser magnéticos. Utilizando el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (VLT de ESO) y el Telescopio Gemini North, el equipo midió la velocidad del viento en siete exoplanetas muy calientes y similares a Júpiter. Las observaciones revelaron que los vientos en estos planetas probablemente están gobernados por campos magnéticos, proporcionando la primera medición robusta del magnetismo en planetas fuera del Sistema Solar.
"Este avance abre una ventana completamente nueva sobre la investigación de exoplanetas. Es la primera vez que podemos comparar los entornos magnéticos de otros mundos — un paso clave para comprender, en última instancia, qué planetas pueden sobrevivir, conservar su agua e incluso, quizás, algún día, albergar vida tal y como la conocemos", declara Julia Seidel, astrónoma del Laboratorio Lagrange (Observatorio de la Costa Azul, Francia) y autora principal del estudio publicado hoy en Nature Astronomy.
El campo magnético terrestre influye en nuestra atmósfera de formas complejas, de ahí que estudiarlo sea un factor clave para entender qué hace que el planeta se mantenga habitable para la vida. Los campos magnéticos también están presentes en otros planetas del Sistema Solar, como Júpiter y Saturno. Sin embargo, durante los últimos 15 años, nadie ha logrado medir directamente la intensidad de los campos magnéticos de los exoplanetas — hasta ahora.
Sin embargo, el equipo no se propuso medir el campo magnético, sino más bien los vientos. Midieron la velocidad del viento en siete exoplanetas que orbitan diferentes estrellas: gigantes gaseosos como Júpiter, pero cada uno acoplado por marea con su estrella anfitriona y muy cerca de ella. Así como siempre vemos solo un lado de la Luna, estos planetas siempre mantienen una cara hacia la estrella, resultando en un lado diurno abrasador y un lado nocturno helado. Esta diferencia de temperatura crea un clima completamente diferente al de nuestro planeta, con vientos extremadamente fuertes. Las velocidades del viento en su muestra oscilaban entre unos 7200 km/h y más de 25 000 km/h; en comparación, los vientos más rápidos medidos en Júpiter alcanzan velocidades de alrededor de 1500 km/h.
"Al principio nos propusimos comprobar si los vientos atmosféricos se comportaban igual en todos los planetas calientes", explica Seidel, que anteriormente fue astrónoma de ESO en Chile. Para sus mediciones, el equipo utilizó datos del instrumento ESPRESSO instalado en el VLT de ESO, en el desierto chileno de Atacama, y de un instrumento similar instalado en el Telescopio Gemini North, en Hawái (EE. UU.). (El VLT es un telescopio de ESO, mientras que Gemini North es la mitad del Observatorio Internacional Gemini, parcialmente financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de EEE. UU. (NSF) y operado por NSF NOIRLab).
Pero cuando observaron cómo variaban las velocidades del viento con la temperatura del planeta, vieron emerger un patrón muy intrigante: cuanto más caliente es el planeta, más lento es el viento. "Esto es totalmente contraintuitivo porque todo lo demás es igual, los planetas calientes tienen más energía para acelerar los vientos. Debe ocurrir algo que ralentice la velocidad del viento para los objetos más calientes", dice el coautor del estudio, Vivien Parmentier, profesor del Laboratorio Lagrange.
El equipo concluyó que la explicación más consistente para este misterio es la presencia de campos magnéticos a nivel planetario, ya que estos campos pueden actuar como freno, ralentizando el movimiento de partículas cargadas en la atmósfera. Por tanto, los datos les permitieron inferir la intensidad del campo magnético en cada uno de los planetas estudiados. Descubrieron que eran comparables en intensidad a los encontrados en nuestro Sistema Solar: aproximadamente cuatro veces más fuertes que Saturno o aproximadamente la mitad de intensos que los de Júpiter.
Además de a los vientos, los campos magnéticos tan fuertes de estos planetas distante podrían influir en otros aspectos: "Aquí en la Tierra, conocemos la belleza de las luces boreales y australes, donde partículas del Sol impactan en nuestro campo magnético y son guiadas hacia los polos, colisionando con gases de la atmósfera para producir coloridos espectáculos de verde, rosa y púrpura", explica la coautora del estudio, Bibiana Prinoth, antes estudiante de doctorado en la Universidad de Lund (Suecia) y ahora astrónoma de ESO en Garching (Alemania). En los exoplanetas estudiados, las auroras impulsadas magnéticamente podrían ser aún más espectaculares. El equipo espera con ilusión la llegada del ELT (Extremely Large Telescope) de ESO, que ayudará a caracterizar no solo grandes exoplanetas similares a Júpiter, sino también otros más pequeños como la Tierra, posiblemente detectando incluso gases que podrían producir auroras en estos mundos distantes. Prinoth concluye: "Me gusta imaginar que algunos de estos mundos tienen un cielo lleno no solo de estrellas, sino de vastas cortinas de luz colorida que bailan sobre un planeta que está mitad en día perpetuo y mitad en noche interminable".
Esta investigación fue presentada en un artículo que aparecerá en Nature Astronomy (doi: )
El equipo está compuesto por Julia V. Seidel (Observatorio Europeo Austral, Santiago, Chile [ESO Chile]; Universidad Costa Azul, Observatorio de la Costa Azul, CNRS, Laboratorio Lagrange, Francia [Lagrange]); Vivien Parmentier (Lagrange); Bibiana Prinoth (Observatorio de Lund, División de Astrofísica, Departamento de Física, Universidad de Lund, Lund, Suecia [LU]; Thea Hood (Lagrange); Nishil Mehta (Lagrange); Brian Thorsbro (Lagrange, LU); Konstantin Batygin (División de Ciencias Geológicas y Planetarias, Instituto Tecnológico de California, EE.UU.); Tristan Guillot (Lagrange); Ragnar van den Broeck (Lagrange); Florian Debras (IRAP, Universidad de Toulouse, Toulouse, Francia); Daniel D. B. Koll (Escuela de Física, Universidad de Pekín); Thaddeus Komacek (Departamento de Física (Física Atmosférica, Oceánica y Planetaria), Universidad de Oxford, Oxford, Reino Unido [Oxford]); Hayley Beltz (Departamento de Astronomía, Universidad de Maryland, College Park, EE. UU.); Emily Rauscher (Departamento de Astronomía y Astrofísica, Universidad de Michigan, MI, EE.UU.); Lorenzo Pino (INAF - Observatorio Astrofísico de Arcetri, Florencia, Italia); Matteo Brogi (Departamento de Física, Universidad de Ferrara, Ferrara, Italia; INAF – Observatorio Astrofísico de Turín, Turín, Italia); Joost P. Wardenier (Departamento de Física, Instituto Trottier de Investigación en Exoplanetas, Universidad de Montreal, Canadá [iREx]); Jacob L. Bean (Departamento de Astronomía y Astrofísica, Universidad de Chicago, Chicago, EE. UU. [Chicago]); Björn Benneke (iREx y Departamento de Ciencias de la Tierra, Planetarias y Espaciales, Universidad de California, Los Ángeles, CA 90095, EE. UU.); Jean-Michel L. B. Desert (Instituto Anton Pannekoek de Astronomía, Universidad de Ámsterdam, Ámsterdam, Países Bajos); Pablo Drake (Lagrange); Siddharth Gandhi (Departamento de Física , Universidad de Warwick, Coventry, Reino Unido y Centro de Exoplanetas y Habitabilidad, Universidad de Warwick, Coventry, Reino Unido); Mark Hammond (Oxford); David Kasper (Chicago); Michael R. Line (Escuela de Exploración de la Tierra y el Espacio, Universidad Estatal de Arizona, Tempe, EE. UU. [SESE]); Elspeth Lee (Centro para el Espacio y la Habitabilidad, Universidad de Berna, Berna, Suiza); Stefan Pelletier (Observatorio Astronómico de la Universidad de Ginebra, Versoix, Suiza); Andreas Seifahrt (Observatorio Internacional Gemini/NSF NOIRLab, Tucson, EE.UU.; Adrien Simonnin (Lagrange); Peter Smith (SESE) y Kevin B. Stevenson (Laboratorio de Física Aplicada de la JHU, Laurel, EE. UU.).
El Observatorio Europeo Austral (ESO) pone a disposición de la comunidad científica mundial los medios necesarios para desvelar los secretos del Universo en beneficio de todos. Diseñamos, construimos y operamos observatorios de vanguardia basados en tierra -utilizados por la comunidad astronómica para abordar preguntas emocionantes y difundir la fascinación por la astronomía- y promovemos la colaboración internacional en astronomía. Establecida como organización intergubernamental en 1962, hoy ESO cuenta con el apoyo de 16 Estados Miembros (Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza), junto con Chile, país anfitrión, y con Australia como socio estratégico. La sede de ESO y su planetario y centro de visitantes, el ESO Supernova, se encuentran cerca de Múnich (Alemania), mientras que el desierto chileno de Atacama, un lugar maravilloso con condiciones únicas para observar el cielo, alberga nuestros telescopios. ESO opera tres sitios de observación: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope junto con su interferómetro VLTI (Very Large Telescope Interferometer), y telescopios de rastreo como VISTA. También en Paranal, ESO albergará y operará el Cherenkov Telescope Array South, el observatorio de rayos gamma más grande y sensible del mundo. En Chajnantor, junto con socios internacionales, ESO opera ALMA, una instalación que observa los cielos en el rango milimétrico y submilimétrico. En Cerro Armazones, cerca de Paranal, estamos construyendo "el ojo más grande del mundo para mirar el cielo": el Telescopio Extremadamente Grande de ESO (ELT, Extremely Large Telescope). Desde nuestras oficinas en Santiago (Chile), apoyamos el desarrollo de nuestras operaciones en el país y nos comprometemos con los socios chilenos y con la sociedad chilena.
Las traducciones de las notas de prensa de ESO las llevan a cabo miembros de la Red de Divulgación de la Ciencia de ESO (ESON por sus siglas en inglés), que incluye a expertos en divulgación y comunicadores científicos de todos los países miembros de ESO y de otras naciones.
El nodo español de la red ESON está representado por J. Miguel Mas Hesse y Natalia Ruiz Zelmanovitch.